Mañana miércoles realizaré un experimento que se me ocurrió hoy por la tarde y al que os invito.
Se trata de elegir una localización concreta lo más cerca posible del domicilio y conseguir llegar a la silla del puesto de trabajo sin tocar ningún elemento externo con nada por encima de la cintura (la versión hardcore impide tocar nada salvo la planta de los pies).
En mi caso, la localización inicial será la cara exterior del portal de mi edificio.
Se trata de comprobar si hay ciertas «barreras» que pasan inadvertidas todos los días para las que es inevitable el uso de las manos o brazos.
A la vuelta os contaré cómo me fue (si no escribo en unos días es que el conductor del metro frenó bruscamente…)
Nota: introducir un ticket de viaje en una máquina se considera válido. También se considera válido empujar un torno con las piernas. La versión hardcore nos obligaría a ser más imaginativos, claro.
Nota 2: los que usáis vehículo propio lo tenéis crudo, sí.
Resultado
Tras cerrar la puerta del portal tras de mí, fui andando sin problema alguno hasta la estación de Metro de Manuel Becerra. Al llegar a las puertas de entrada me encontré una entornada (es habitual) así que me deslicé dentro. Introduje el abono en la máquina y empujé los tornos con los muslos. Bajé las escaleras mecánicas sin agarrarme a nada y llegué al andén.
Llegó el Metro de la línea 6 y pude entrar sin problemas, colocándome en un lugar céntrico y relativamente cómodo. Hice algún equilibrio pero poco más. Al llegar a Nuevos Ministerios, esperé a que otra persona abriera las puertas y salí tras ella.
El intercambiador de Nuevos Ministerios, a pesar de ser enorme, no supuso ningún problema.
Cuando llegó el Metro de línea 10, venía hasta arriba de gente. Se abrieron las puertas y salió un pequeño chorreo de personas pero entraron muchas más. Hice fuerza para entrar (en modo tronco) y me quedé como último elemento antes de las puertas cerradas, que evité tocar en todo momento. Esto fue difícil pero más difícil contener las sacudidas del metro. Mientras el resto disparaba sus manos como anclas a todo agarradero improvisado, yo retorcía mis pies y piernas para bajar mi centro de masas y aumentar el coeficiente de rozamiento estático. Costó pero al final llegué a Cuzco sin haber tocado elementos ajenos con la mitad superior de mi cuerpo.
Fui andando sin problemas hasta el edificio donde trabajo. Allí, en el nivel de la calle, se abrieron las puertas automáticas y subí las escaleras a la primera planta (nunca uso el ascensor así que esto no fue ningún cambio especial). Al llegar a la puerta del ala derecha vi que estaba abierta (hay un panel con dígitos y contraseña pero a ciertas horas suele evitarse). Sin embargo, tras ésa había otra puerta en la que no había reparado y que, aunque a veces está abierta, en ese momento no lo estaba. Me quedé congelado pensando que sólo faltaban veinte metros hasta mi silla. Decidí esperar un máximo de un minuto a que otra persona saliera o entrara para colarme dentro. Disimulé mirando unas revistas de informática de un soporte de cristal que había en esa pequeña entradita y a los veinte segundos llegó otro empleado. Disimulé un poco y me metí detrás de él.
Fui a mi despacho pensando que tendría que pedir a alguien de mi equipo que me abriera la puerta y encendiera la luz pero al llegar vi que la puerta estaba entornada y me bastó un leve toque del pie para abrirla y entrar sin problemas. La luz finalmente no fue necesaria ya que pegaba un solazo bastante importante.
El objeto del experimento era comprobar si existen barreras físicas que, por cotidianas, se han vuelto invisibles para nosotros, pero que requieren el uso de las manos (y, por extensión, la mitad superior del cuerpo). Uno de los caminos a estudiar era el que hago todos los días al trabajo pero pensaré en otros más adelante.