Ciencia de verdad
Sobre los hombros de gigantes que nos precedieron hemos construido un corpus de conocimiento científico sólido. No es sólido en cuanto a la inmutabilidad de los resultados sino a la honestidad del método. La ciencia tiene una particular ventaja sobre otras creencias, y es que toda respuesta es correcta si la forma de obtenerla es fiable y, contrariamente a lo que muchos paranoicos piensan, lo más preciado es encontrar un contraejemplo que renueve los cimientos existentes y obligue a replantearnos los modelos de trabajo.
En el año 2009, como una especie de propósito, he decidido ser más beligerante y políticamente incorrecto con las personas con opiniones mediocres sobre la ciencia (matemáticas, física, química, medicina, biología, ingenierías). Por opinión mediocre me refiero al tipo de comentario basado en la ignorancia pero aupado en los brazos emocionales similares a los sentimientos políticos.
Es sorprendente descubrir todos los días la cantidad de gente que asume como ciertas afirmaciones gratuitas sobre pseudociencias o despropósitos que ningunean la realidad científica que nos permite a algunos disrutar de cierta calidad de vida.
A esos a los que algunos despectivamente llaman “científicos tradicionales” (aka cerrados y mafiosos) va dedicada esta foto que saqué hoy tras destripar con mucho cariño un ordenador portátil en las últimas.
Un microprocesador condensa perfectamente el avance científico y tecnológico reciente. Cuando oigáis a alguien hablar de los científicos como grupos cerrados, elitistas que no aceptan ideas nuevas por miedo o incompetencia pensad en la injusticia que se está cometiendo. Si necesitáis otro ejemplo, os propongo el avión.




